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"Pagar" la factura energética de los edificios educativos

La calidad del aire y el ambiente interior son las principales preocupaciones de nuestra empresa. Pero nuestra organización por sí sola, o incluso nuestra profesión en el sentido más amplio, puede haber sensibilizado a los distintos agentes sobre estas cuestiones, pero el actual contexto normativo ofrece pocos incentivos para adoptar medidas concretas. 

Por otra parte, la política de renovación de los edificios públicos, aunque el objetivo principal sea "saldar" la factura energética, representa una oportunidad que no hay que desaprovechar para combinar el rendimiento energético y la calidad de nuestro entorno interior.

Sin embargo, esta política de renovación se ve obstaculizada por una serie de impedimentos

Además de las cuestiones financieras, además del índice de endeudamiento del estado y sus comunidades, el conocimiento y las habilidades de los interesados ​​en el campo de la eficiencia energética apenas son heterogéneos de una región a otra. También observamos una falta de información sobre técnicas de renovación, equipos y soluciones energéticamente eficientes a su disposición.

Además, podemos arriesgarnos a señalar la falta de motivación de los responsables de la toma de decisiones preocupados por su electorado.

Se dice que las regiones, como Occitania, representan sólo una cuarta parte de las autoridades con una política ambiciosa de renovación de la energía (1).

A través de la prensa, y cada año, sólo podemos felicitarnos por los edificios educativos ejemplares que emergen del suelo a través de este vasto territorio: La primera escuela secundaria de energía positiva data de 2012 (la escuela secundaria de Havel en Bègles). Tres años más tarde, la región de la Occitania sigue el ejemplo del liceo de Villefranche-de-Lauragais. Esta región tiene grandes ambiciones: crear un área de excelencia energética. Este objetivo requiere una disminución del consumo de casi el 40%, multiplicando por 3 la producción de energía renovable para 2050...

Más allá de la voluntad política, observamos que la aplicación de los EPC (contratos de rendimiento energético) representa una herramienta formidable para el desarrollo de proyectos destinados a descarbonizar el patrimonio, junto con el hecho de que los objetivos de ahorro de energía se están convirtiendo en un criterio importante en la evaluación de las licitaciones públicas.

De manera aún más amplia, en las adquisiciones públicas debería incluirse una referencia a la calidad del ambiente interior y debería ser una condición previa para las licitaciones para la renovación de los sistemas de planificación de los recursos institucionales, en particular para los edificios públicos, las administraciones, los hospitales y las escuelas.

 

(1) Encuesta del SERCE a 70 colectividades locales, que ha permitido establecer cuatro perfiles de colectividades en función de la estrategia de transición energética aplicada en sus activos: líderes (25%), ágiles (15%), en espera (30%) y no comprometidos (30%).